Tendències Primavera/Verano  Mujer 2012

Tendencias P/V 2012

EUGENIA DE LA TORRIENTE, REDACTORA DE EL PAÍS,
PARA SANTA EULALIA, EL FABULOSO VIAJE AL OPTIMISMO

Invocar al optimismo en las colecciones de primavera es un recurso tan poco sorprendente como apostar por las rayas marineras o los estampados florales. Pero es cierto que en los desfiles de primavera/verano 2012 se hizo especialmente evidente la búsqueda de fórmulas que devuelvan la ilusión y la excitación al vestir. Es obvio que alegrar el armario no solucionará nuestros problemas, pero tal vez nos permita olvidarlos durante un instante. Ese hilo es el que recorre propuestas tan aparentemente dispares como los estampados hawaianos o los guiños a los años 20. Dos referencias que, aunque no parezcan tener mucho en común a primera vista, comparten un espíritu escapista y evocan fantasías fuertemente idealizadas. Piense en la temporada como en una agencia de viajes cargada de ofertas para escapar de una realidad plomiza y acertará. Estos son algunos de los principales destinos.

Regreso al pasado. Esta primavera se visitan, sobre todo, los años veinte y los cincuenta. Dos décadas que han quedado fijadas en la memoria colectiva como idílicas estampas de felicidad. Frida Giannini, en Gucci, lidera la expedición que explora los años de las flappers, un tiempo en el que la vida se antojaba más ligera y las mejillas parecían destinadas a no perder nunca su frescura. Miuccia Prada, en cambio, fija el retrovisor treinta años después, en otra era de la que conservamos una imagen de impoluta perfección. Precisamente ese optimismo perdido era el que buscaban Lazaro Hernandez y Jack McCollough, de Proenza Schouler, con una colección que parte de la arquitectura Googie (que en su momento fue vanguardista y ahora languidece) y termina en un estallido cromático. Finalmente, este no es país para tristes.

La silueta estalla. Si hablamos de formas de inyectar optimismo a través de la ropa es inevitable mencionar a Christian Dior. Su exuberante silueta de 1947, bautizada como The New Look, fue una forma de elevar el ánimo al París de la posguerra. Algo parecido hay en la proliferación de peplums esta temporada. El peplum describe las chaquetas del siglo XIX que ofrecían un extra de tejido sobre las caderas. Con formas mucho más ligeras, se recuperó en la década de los 40 y aparece intermitentemente en las pasarelas desde entonces. El de 2012 es vanguardista y atrevido en las manos de Phoebe Philo, directora creativa de Céline, y sorprendentemente deportivo en las de Vera Wang. ¿Qué mejor forma de llamar al alborozo que dibujando siluetas más fértiles?

Más alto, más fuerte. Las grandes citas deportivas inspiran porque sugieren superación, esfuerzo y resistencia. En este año de Juegos Olímpicos las referencias atléticas están por todas partes y admiten las más variadas interpretaciones y disciplinas. Desde la sensualidad de los vestidos de Stella McCartney, con ondas que serpentean sobre el cuerpo, hasta los tejidos técnicos convertidos en herramienta de sofisticación en manos de Tom Ford o Thomas Maier, director creativo de Bottega Veneta. Alexander Wang transforma, incluso, el plano de un estadio en el estampado de un vestido mínimo. El deporte nos invita a imaginar una versión mejorada de nosotros mismos.

Estampados valientes. Desde los guiños a Bollywood de Thakoon Panichgul hasta las vidrieras eclesiásticas que aparecen en la colección de Nicolas Ghesquière para Balenciaga, pasando por las serpientes que recorren los conjuntos de Alber Elbaz para Lanvin, los estampados de esta temporada llegan hasta donde la imaginación alcance. No hay límites. Coloristas, llamativos, atrevidos y, además, mezclados entre sí con arrojo. Una fórmula que domina como pocos la última sensación del diseño británico, Mary Katrantzou. Sus originales motivos se han convertido en la bandera de una modernidad que escapa de las fauces del negro y se atreve a experimentar con el grafismo. El triunfo sin paliativos de esta griega formada en Londres es la prueba definitiva de que la moda abraza su lado más festivo y atrevido.

Travesía a la dulzura. Pero no todo es un estallido de color y estampados. Para los espíritus menos extravagantes, existe un destino bastante más plácido. Los colores pastel, dulces y evocadores, protagonizan colecciones tan dispares como las de Marc Jacobs para Louis Vuitton, Peter Copping para Nina Ricci y 3.1 Phillip Lim. Los tonos empolvados se tornan irónicos y coquetos en las manos del primero; románticos y nostálgicos, en las segundo y frescos y deportivos, en las del tercero. Una buena muestra de que no hay tendencia que no pueda ser modulada y adaptada.

Algunas leguas de viaje submarino. Si hay un destino predilecto de la temporada es el fondo del mar. Givenchy, Chanel o Alexander McQueen emprenden esa dirección. Acaso la más poética de las tres interpretaciones del paisaje subacuático es la que Sarah Burton imagina en su tercera colección para McQueen. Tan asombrosos resultan sus vestidos de coral o sus bordados de algas como la forma en la que esta británica ha respondido al difícil reto de relevar a su maestro, fallecido en 2010. Tras la exitosa exposición del museo Metroplitan de Nueva York dedicada a McQueen (convertida en la octava más vista en los 140 años de historia de la institución) y el encargo de vestir a Kate Middleton en su boda, Burton se ha convertido en una de las diseñadoras de referencia del momento.

Compañeros de tránsito. Aunque parezca que vivimos inmersos en tiempos enloquecidos por los accesorios, conviene recordar que Balenciaga enfurecía si sus vestidos se llevaban con un sombrero que no fuera el que él había concebido para rematar la silueta. Los complementos siempre fueron importantes, pero son parte imprescindible del equipaje en este viaje hacia un vestir más optimista. Los zapatos de Christian Louboutin aportan un ápice de la fantasía del Crazy Horse a la vida real y los de Charlotte Olympia consiguen que la elegancia de otro tiempo se cuele en 2012. Incluso los complementos más racionalistas, como los perseguidos bolsos Luggage y Phantom de Céline, se atreven a jugar con colores y texturas. Nadie quiere quedarse en tierra en esta travesía hacia una realidad más excitante.

Eugenia de la Torriente